Peña, un presidente cada vez más chiquito.

GurúOPINIÓN

Peña, un presidente cada vez más chiquito.

Publicado el día 22 de Noviembre del 2016
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Comienzan a salir los nuevos números de la popularidad de Peña Nieto y no son nada buenos. Sigue la tendencia a la baja en el acuerdo con la manera de gobernar del Presidente. Consulta Mitofsky era de las encuestadoras que traían las mayores tasas de aprobación de Peña en los sondeos publicados en agosto: 29% de los mexicanos lo aprobaban y 65% lo reprobaban. Un trimestre después, los porcentajes son 24 y 69%, respectivamente. Se trata de una caída de cinco puntos, de tal suerte que Peña está en el nivel más bajo de su sexenio. Para ponerlo en perspectiva, a estas alturas del sexenio de Salinas (noviembre de 1992), el Presidente tenía un acuerdo de 78%, Zedillo (julio 1998) de 64%, Fox (noviembre 2004) de 55% y Calderón (noviembre 2010) de 54 por ciento. Peña apenas alcanza 24 por ciento. Es el Presidente más impopular desde que empezaron a levantarse encuestas serias en México.

¿Se merece el Presidente una calificación tan baja en la opinión pública nacional?

Creo que sí porque él mismo se ha puesto la soga al cuello. Me explico.

Ya se nos olvida, pero Peña fue un extraordinario candidato presidencial. Con tesón y disciplina, fue trabajando su campaña rumbo a Los Pinos. Tenía carisma proyectando la imagen de un joven gobernante experimentado y cumplidor. En cuanto tomó posesión, nos sorprendió a muchos estableciendo una alianza con la oposición que le permitió sacar adelante diversas reformas estructurales que llevaban lustros atoradas. Sus dos primeros años fueron de logros importantísimos. Llegó muy fuerte a su II Informe de Gobierno anunciando la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Peñaestaba en su momento cúspide, mas su aprobación en la opinión pública no era espectacular: 47% estaba de acuerdo con su manera de gobernar, 51% en desacuerdo. El Presidente claramente había tenido que pagar el costo de una reforma muy impopular: la fiscal, que entró en vigor en enero de 2014.

A partir de este cenit sexenal en septiembre de 2014, todo ha sido de bajada para Peña. El mal manejo de la tragedia de Iguala, en la que desaparecieron los 43 estudiantes de Ayotzinapa, comenzó a dibujar a un Presidente que no tenía la estatura para enfrentar crisis. Luego vino el escándalo de la Casa Blanca, donde se achicó bastante. Peña nunca pudo recuperarse de este golpe. Y es que no había precedente en la historia contemporánea del país de un caso de presunta corrupción que involucrara al Presidente en funciones durante su segundo año de gobierno. Peña le apostó al silencio y a un eventual olvido por parte de la opinión pública.

No lo logró porque luego vinieron otros escándalos más como la fuga de El Chapo Guzmán o las múltiples historias de robo en despoblado de tantos gobernadores que ensuciaron a toda la clase política nacional, sobre todo a los priistas, incluyendo a su jefe político. Súmese la visita de Trump a Los Pinos —un acto mal planeado y ejecutado— que achicó aún más la figura presidencial convirtiéndola en el hazmerreir de las redes sociales.

Así llegamos al día de hoy en que a Peña se le abre una gran oportunidad: la de convertirse en el líder que el país requiere para enfrentar el enorme reto que significa la victoria de Trump y el creciente movimiento mundial en contra de la globalización. Los intereses mexicanos están muy amenazados. Necesitamos un Presidente que así lo reconozca, lo explique a la población y comience a tomar decisiones duras que nos permitan protegernos del huracán Trump (Agustín Carstens dixit). Pero Peña, una vez más, empequeñece frente al reto: literalmente propone ponerle una buena cara al mal tiempo. Es increíble que diga que lo de Trump representa una “gran oportunidad”. ¿De qué?

Según él, de modernizar, por ejemplo, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Pero, ¿de dónde saca el Presidente que Trump va a querer un TLCAN plus y no uno que afecte los intereses mexicanos? A lo mejor se lo dijo el republicano cuando estuvo en Los Pinos. Si así fue, pues qué ingenuo Peña de creerle a un mentiroso compulsivo como es Trump. Y si no fue así, pues el Presidente nos está engañando (quizá a él mismo) al visualizar que el destino nos llevará por una senda positiva y no negativa. Creo, en este sentido, que el mandatario mexicano está empequeñeciéndose frente al enorme desafío que tenemos enfrente. Se ve chiquito. Cada vez más, según la opinión pública nacional.

Leo Zuckermann