El desastre de la corrupción de los goberladrones priistas.

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El desastre de la corrupción de los goberladrones priistas.

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En 2000 cuando el PRI perdió la presidencia de la república no se preocupó, decidió que gobernaría al país desde los estados y municipios. Con la alternancia, también llegaron los gobiernos divididos y el PRI aprendió rápidamente que el chantaje político comenzaba en las cámaras del Congreso de la Unión para luego traducirlo en pesos y centavos en los gobiernos estatales y municipales que gobernaban.

El PRI aprovechó a la perfección todas y cada una de las coyunturas políticas que se presentaron a lo largo de los sexenios de Fox y Calderón. Si alguno de estos dos presidentes panistas quería cambiar en el país, tenía que pasar por el PRI y tenía que mocharse con el PRI. Tres fueron los principales instrumentos que los priistas aprovecharon: los presupuestos de egresos, los excedentes petroleros y un sistema local de nula transparencia y nula rendición de cuentas. A partir de esos elementos, la corrupción del PRI, con la anuencia del PAN, carcomió gran parte del presupuesto público que al ser desviado, dejó de destinarse para la salud, educación y seguridad de las familias mexicanas.

Los casos de los Duartes, Borge, Moreiras y demás goberladrones no son aislados. Forman parte de un sistema bien aceitado que comenzó a operar en el 2000, cuando los goberladrones se dieron cuenta que dejaron de tener un jefe supremo, el presidente priista que robaba y dejaba robar solo a los que él decidía -a los que lo hacían por su propia voluntad, lo pagaban con el cargo, el destierro o, incluso, la cárcel-.

Más allá de cualquier otro fino análisis, lo que es fundamental es que México comience a caminar en otro sentido. No podemos continuar por esta misma vereda de corrupción porque lo que estaremos garantizando es la desgracia para esta y las siguientes generaciones.