VIDEO: Robots sexuales, la nueva clase de “amor” que los hombres buscarán

GurúGEEK

VIDEO: Robots sexuales, la nueva clase de “amor” que los hombres buscarán

Publicado el día 03 de Diciembre del 2017
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Interesantísimo documental de The Guardian sobre los robots sexuales: Rise of the Sex Robots. La entrevistadora, Jenny Kleeman, se muestra empática con el robot (¿la robot?) y la muñeca habla como si fuera sensible; tiene figura humana, despierta empatía y Kleeman no puede evitar hablar de ella como de una persona. "¡Es una máquina!" dice el fabricante (que también se refiere a la muñeca como "ella", a pesar de que la sabe hecha de tornillos, cables y látex).

Kathleen Richardson, roboeticista (esto es la mezcla de la ética y la robótica, o algo así) dice que las muñecas se suman a una "cultura de la violación" (así la llaman) y que "no se puede sustituir a una persona por un objeto". Por supuesto que no, perouna bailarina cuerpudota, que aporta sus formas para molde de las muñecas, por el contrario, se muestra entusiasmada de que su cuerpo produzca excitación, placer y hasta empatía: "si puedo ayudar a alguien con su sexualidad, ¡genial!" Un hombre que nunca tuvo una vida amorosa y se cansó de buscar, dice: "no le gusto a las mujeres, pero eso ya no me importa".

Ya decía yo que los tamagotchi tenían algo preocupante: evolucionaron y ahora son una japonesita por la que uno puede sentir empatía, y ella dice que puede sentir lo mismo, pero no: es un programa cuyo algoritmo responde según los datos que obtiene de unas cámaras que parecen ojos y unos micrófonos orlados con orejas plásticas. ¿Es o se hace? Si una serie de funciones programáticas se comporta exactamente igual que aquello que imita, los sentimientos, por ejemplo, ¿tenemos razones para decir que no es sentimiento? Como en el juego -y el erotismo es juego- cada uno asume y da por verdadero un orden imaginario. Las muñecas sexuales son máquinas y programación; la pornografía son pixeles y los libros, como señala Borges, son solo dispersión de letras. Pero si analizamos el amor verdadero entre dos personas, tampoco hallaríamos una joya azul y pura sino otro juego de indicios, señales, ganas de creer. Una pura nada ante la que uno despliega un universo imaginario. ¿Por qué no una muñeca? Ahí hay un cuerpo que no es cadáver, ni ser vivo. Y no sabemos qué decir, pero los clientes abundan.

En Japón, los hombres jóvenes ya no se casan. La epidemia de solterones se nota ya en índices demográficos. Si la conversación y la imaginación no estuvieran rotas, habría que esperar que un nuevo Aristófanes, a la altura de nuestras tribulaciones, escribiera una Lisístrata inversa: los hombres en huelga de abstinencia.



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